Bibliografia completa Un periodista indiscreto, «Entrevista con el Padre Vicente Taroncher. La Alfara de “mis” recuerdos» (1977). Programa de festes 1977, sense numerar.
Etiquetes programes de festes, cultura, tradicions
Data de publicació Dimecres 5 de gener de 2022

[Programa de fiestas 1977, sense numerar]

Entrevista con el Padre Vicente Taroncher. La Alfara de «mis» recuerdos

Por Un Periodista Indiscreto

Al acercarse las Fiestas de Alfara, hemos querido vincular en la edición de nuestro programa a uno de los alfareros que, después de 20 años en las misiones de Colombia, acaba de regresar para permanecer una temporada entre sus paisanos. Me refiero al padre Vicente Taroncher Mora, quien ha querido responder a las preguntas de este periodista indiscreto, y a quien, pensando en el Alfara de hoy, le hemos preguntado por el Alfara de ayer.

– Dime, Vicente, ¿qué recuerdas de los años de tu infancia, juegos, amigos…?

-Bueno, no es que yo sea viejo, pero aquellos años quedaron atrás; yo partí para el seminario en 1943. Alfara era un pueblo sencillo, agrícola y que formaba algo así como una gran familia. Los niños vivíamos sin traumas en nuestro mundo infantil, con una gran variedad de juegos que contribuían a forjar nuestra personalidad. Recuerdo, entre otros: el capitulet (así llamado la persecución entre dos bandas, una de las cuales tenía que capitular ante la más fuerte), el galop, el fendris, la trompa, el pic y vola, el parao, el sambori, la corda, y otros tan inocentes como «taulellets», «la mare carabacera», en los que por cada falta cometida se pagaba una «pegnora», que se podía rescatar al final del juego con una saludable penitencia. También es bueno recordar los juegos propios de la Pascua Florida, con participación de chicos y grandes, como el rogle, «la xata merenguera», «la butifarra calenta», y los juegos de pelota que congregaba durante los domingos por la tarde a todos los del pueblo en la calle Mayor. Hoy, frente al progreso que nos individualiza, muchas de aquellas cosas han desaparecido.

El muchacho de entonces era travieso, pero era más inocente. Podíamos romper los vidrios de la fábrica, o les «boqueres» de la acequia, pero esto no llevaba el signo de la maldad, era algo así como una señal de fiesta para significar las tracas. el bullicio, la alegría… El terror de los muchachos era Perico, el Guarda del pueblo, que aparecía cuando menos lo pensaba. Era un hombre inflexible, y más de una vez nos tocó soportar el castigo ejemplarizante de un día de fatiga, deshierbando el campo del calvario o el paseíto.

Hoy, todo aquello ha desaparecido en gran parte. El niño dejó de ser protagonista de su propia vida y tiene que recibir a través de la T.V., del cine, de una escuela más tecnificada la realización de su propia vida. Quizás lo de hoy sea mejor, pero yo no dejo de añorar todas aquellas cosas.

– ¿Y qué nos dices de la escuela de entonces, de sus técnicos, de su adelanto, de su cultura…?

– Pienso que la vida cultural de un pueblo tiene su comienzo en la escuela. Cabría recordar la escuela (o costura) de la Sra. Rosario, que se adelantó en muchos años a los Jardines de Párvulos, y que cumplió la meritísima e insólita labor de iniciar en el trabajo, las letras y la oración a tres generaciones de alfareros, ya que fue maestra del pueblo por más de 70 años. La escuela urbana, la de Don Pedro, hermanaba a toda la muchachada de Alfara. Algunos iban a Moncada, y los más pudientes, a Valencia. Gracias a ese interés de los padres, muchos pudimos adelantar estudios superiores.

En lo cultural existía un gran estímulo de superación. En el arte lírico, jugó un papel importante, el bondadoso don Paco Muñoz, nuestro párroco. Todos los años era esperado con ansiedad la representación teatral del Belén. Ya desde octubre comenzaban los ensayos. Los niños nos ingeniábamos de mil maneras la forma de colarnos abusando de la paciencia del tío Norberto. Pasada la Navidad, comenzaba la temporada de la zarzuela. Yo todavía recuerdo, entre otras obras escenificadas, «La Dolorosa», «La Alegría de la Huerta», «Marina», «Katiuska»… Además de comedias y sainetes. Muchos de aquellos artistas, todos del pueblo, ya partieron de entre nosotros: el pintor Sales, Pastor, Enrique el Paqués, Barra… Uno ha aprendido muchas cosas, pero aquéllas modelaron nuestro gusto artístico por las cosas buenas.

-¿Y de las costumbres de aquellos tiempos, qué nos dice? ¿Y de las tradiciones del pueblo?

– Alfara fue siempre un pueblo piadoso y religioso; tenía fama. Apegado a sus tradiciones de tipo sociológico y, sobre todo, de tipo religioso. Recuerdo cosas simpáticas: cuando un joven se declaraba a una chica, las amigas de ésta participaban de su alegría y la transmitían derramando pétalos de rosa frente a la puerta de su casa. Y cuando estas relaciones eran interrumpidas, los amigos del novio pintaban una línea de cal desde su casa hasta la de la que fuera su novia.

Vale la pena enumerar algunas tradiciones de tipo religioso, comunes en la provincia de Valencia: la bendición del término municipal (3 de mayo) en la actual plaza de la Cruz. En mi casa, a las órdenes de la tía Marianeta, se preparaba el altar y la corona de flores; la hoguera de la víspera de la Virgen del Carmen; la bendición de los animales en el atrio del Templo en el día de San Antón; la bendición de las casas, el Miércoles de Ceniza, para iniciar la cuaresma, con la Oblación ofrecida al Sr. Cura y el canto de los niños «ous así, ous allá…»; las despertadas domingueras del mes de mayo por las Hijas de María; el rosario vespertino en los domingos de verano, con el «Salve Virgen Pura»… tradición establecida por los capuchinos en el siglo XVII. El mes de María, en mayo, y el mes del Rosario, en octubre, con el canto «Gloria, gloria a María entonemos», de sabor popular, y que por mantenerlo tanto luchó el tío Bancalicos.

Quiero hacer mención especial del Sábado de Gloria: cuando repicaban las campanas, las mujeres, aprovechando un descuido de su vecina, solían arrojar en su casa los objetos viejos que habían utilizado durante el año, como cazuelas, pucheros, platos, botijos… Sin duda, con ello querían significar que con la muerte de Cristo todo lo viejo había terminado, y se iniciaba con su resurrección una vida nueva. Los niños, mientras tanto, al oír el primer repique de campanas, arrancábamos de la plaza de la Iglesia, con el mazo en la mano, golpeando todas las puertas del pueblo. Nuestra predilección era golpear más fuerte donde mayor era la oposición. Tal era el caso de la suegra de Pauet, a quien molestaban muchísimo nuestras estridencias, y que uno de los ultimos años nos sorprendió con su ingeniosidad. Al llegar a su casa, las puertas estaban cerradas, y al intentar dar el primer golpe, las puertas se abrieron y al fondo apareció la señora Mercedes, guitarra en mano, y entonando cantos flamencos. Todos quedamos estupefactos, y decidimos respetar las puertas sin propinarles ningún golpe.

-¿Qué personajes de Alfara recuerdas con más cariño?

– Por entonces era célebre entre nosotros el maestro Palau, cuya fama había rebasado las fronteras de la patria. Muchos personajes podríamos citar ahora, entre otros, la tía Vicenta María, versificadora de altura en nuestro idioma valenciano. Fueron muchas sus composiciones para las fiestas, aleluyas, primeras comuniones. Ojalá se recopilasen todos sus versos. Quiero hacer especial mención a Adelaida San Bartolomé: era una mujer sencilla y bondadosa. La doctrinera que, secundada por un grupo de jóvenes, preparó para la primera comunión a las generaciones de la post-guerra. Yo no asistí a su muerte, pero me contaron que su entierro daba la impresión de un cortejo victorioso. Era el triunfo del alma buena. Adelaida San Bartolomé podría servir de ejemplo como mujer abnegada, serena y servicial.

-Cuéntanos, ¿es interesante la vida de misionero?

-Claro que sí. Sería un capítulo muy largo. La gente americana es, en general, buena y afectuosa. Colombia, como todo pueblo en desarrollo, tiene sus limitaciones culturales y económicas. La gente respeta al sacerdote y uno se constituye en centro y motor de la comunidad. Yo he pasado allí los mejores años de mi juventud. Disfruté muchísimo durante mi permanencia entre los indios Motilones. Con la anuencia del obispo de Valledupar, el valenciano Vicente Roig y Villalba, recientemente fallecido, fundé varios centros misionales entre los indios motilones, en Menkue, lroka, Candela… Es muy interesante compartir la vida con hombres de una cultura tan primitiva, pero con quienes es fácil entenderse cuando se recurre al lenguaje universal del amor; con ellos compartí la vocación selvática que cada uno de nosotros lleva en su interior, y el diálogo profundo con la naturaleza. Uno se realiza plenamente y ayuda a los demás en su realización humana.

-¿Cuál sería tu mayor satisfacción en América?

-Ha habido muchísimas. Pero quiero hacer mención de una que hace relación a nuestra vida nacional. Me refiero a la visita de los Reyes a Colombia. Fue algo fenomenal. El solo anuncio de su llegada fue motivo de unión entre los españoles que habían emigrado a América. Yo tuve la dicha de saludar personalmente a sus Majestades y de dialogar con ellos a su llegada a Barranquilla. Después, con otros muchos españoles, les acompañamos en los principales actos habidos en la ciudad de Cartagena de Indias. Con ellos estuvimos en la recepción del palacio municipal, en la ofrenda floral a Colón, en el club de pesca de Cartagena, en la revista naval, en la inauguración de la Casa de España… Creo que algo de ello se vio por televisión.

– Ya que abordó el tema de la visita real, ¿puede decirnos qué se piensa en Colombia de Espana y de la monarquía?

– América hace años que ha iniciado un dialogo con España, pero nunca con la claridad y celeridad con que lo está haciendo la monarquía. Personalmente, pienso que la visita real será muy beneficiosa para el intercambio cultural y comercial. En cuanto al impacto producido por nuestros monarcas, no cabía esperar una cosa mejor. Los Reyes llamaron la atención por su sencillez y sobriedad. Se puede decir que el pueblo colombiano se volcó en demostraciones de cariño y afecto hacia los Reyes de España.

-¿Cómo encuentras la Alfara actual?

– Como toda España, en un proceso de cambio de mentalidad y costumbres, iniciado hace ya muchos años.

-Y qué te parece, ¿lo de hoy es mejor o peor?

-Yo diría que diferente.

-Una última pregunta: ¿Qué le dirías tú al Alfara de hoy?

-Que hagamos una síntesis y, aprovechando el patrimonio espiritual, moral y cultural que nos dejaron las generaciones pasadas, aprovechemos en su medida los adelantos y la técnica del presente.

-Bueno, amigo Vicente. te agradecemos tu colaboración y esperamos que no sólo la gente del pasado, sino la juventud actual, sepa apreciar estos recuerdos, que, de una manera o de otra, han contribuido a forjar el presente que hoy vivimos. Muchas gracias.

UN PERIODISTA INDISCRETO

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